Mi cuerpo era puro como una cantata de Bach. Soy y he sido siempre bella. Tan bella que he sido deseada, cortejada y amada por un hombre que me prometió castillos. Me ofreció un castillo verde y otro rojo, azul, rosa, naranja, violeta y de sutiles matices. Levantó para mi un anfiteatro clásico y una escalera monumental por la cual se llega al mar cabalgando en la cresta de las olas. A mitad de la escalera dibujó un cuadro de piedra que permite a través de su circulo interior a cualquier paseante transformarse en pintor, fotógrafo o poeta. Mi amante era adulado como un torero famoso o una inmortal folclórica. Fue arquitecto predilecto de Valéry Giscard d’Estaing.
Hace miles de años que soy bella. Mis acantilados altivos cuentan la historia de tiempos más remotos aún, en que había mares tropicales llenos de peces de todos los colores, esponjas, medusas, corales, algas, foraminíferos que parecían monedas, moluscos, tiburones y erizos de mar. También hubo terremotos, volcanes, cataclismos e inundaciones. Tiempos terribles en que surgían montañas y se abrían nuevos océanos.
Hoy todo parece tranquilo, pero nunca me he sentido tan mal. Mi amante me abandonó. Mis castillos casi desaparecen entre tanta construcción especulativa. Por mi escalera bajan de noche mercaderes de la muerte. Ocupan mi último regalo, la piscina de agua de mar. Hoy es una ruina decaída, perdió su sortilegio y solo ha ganado cristales rotos, preservativos usados, compresas, latas de refrescos oxidadas, botellas de cerveza de litro de los borrachos nocturnos y restos de bocadillos, gusanos y anzuelos de los pescadores matinales.
Nunca me he sentido tan mal. Desaparecen poco a poco los erizos de mar, negros y violetas, los pepinos de mar, azulados y grises, mis cuidadores los más íntimos, los que devuelven la claridad de mis aguas, que algunos comparan con el lejano Caribe. Las madrigueras de los pulpos se vacían. Las cuevas de las morenas quedan desiertas. Me violan repetidamente por intromisión en mis entrañas de fluidos llenos, no de vida, como en el caso de la violación de un ser humano, pero sí de muerte.
¿No es la muerte lo que arrastran estas aguas grises, turbias, corruptas y nauseabundas vertidas por la mano del hombre?. ¿No es veneno lo que brota al final del camino y mancha de opacidad mal oliente una hermosura divina?. ¿Qué es entonces?. ¡Quiero saber! He sido bella durante miles de años, incluso antes de la aparición del género humano. Existiré después de su desvanecimiento de la faz de la tierra. ¿Qué historia desvelarán mis sedimentos?. ¿Recuerdos de basura, envenenamiento, extinción de vida y violación?...
© Pascal Lauwers Calpe 2004

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